¿Qué problemas enfrenta?

Desde 2003, se ha documentado un gran número de tortugas amarillas muertas que son llevadas por las corrientes y el oleaje (varadas) a la costa sur del Golfo de Ulloa, específicamente en Playa San Lázaro. Desde entonces se ha observado una fuerte correlación entre la temporada de pesca de escama en la zona y un aumento en los varamientos de tortugas muertas.

Diferentes investigadores han evaluado la mortalidad de esta especie mediante conteos diarios de tortugas muertas varadas en esta playa, así como la observación directa de captura incidental en dos flotas ribereñas a pequeña escala. Uno de los estudios estimó que de 1,500 a 2,950 tortugas amarillas por año murieron de 2005 a 2006 en las dos pesquerías, dando un promedio anual de captura incidental de 1 tortuga por kilómetro de red y 29 tortugas por cada 1,000 anzuelos (Peckham et al., 2008). Esta tendencia se mantuvo en fechas recientes, hasta que en el año 2012 grupos de conservación locales informaron que la cantidad de tortugas muertas aumentó considerablemente, estimándose hasta un 600% más que el promedio de años anteriores. Esto causó gran preocupación entre la comunidad científica y conservacionista dentro y fuera de México.

Recientemente diversos actores involucrados en el tema han mencionado la posibilidad de que esta mortalidad esté magnificada por factores diferentes a la interacción con artes de pesca, como agentes oceanográficos, enfermedades u otros factores ambientales.